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NUESTRA HISTORIA

Raíces de montaña, corazón de familia.

Cervecería Cedral nació hace más de once años. Pero su historia con esta tierra empezó mucho antes.

01La tierra02El comienzo03Los nombres04El legado
Fondo: la propiedad.
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La tierra

La cervecería llegó después.

Esta tierra lleva generaciones en la familia. Aquí vivieron Enrique Muñoz Riba y Flor Zeledón, abuelos de Marilís. Flor se la dejó a su hija menor, la mamá de Marilís, y años después el lugar encontraría otro destino.

Antes de tanques y botellas hubo una casa, caballos y un establo. Aquí vivieron Carlos, Marilís y sus hijos. De aquí salían a la escuela, aquí crecieron como familia. Con el tiempo la familia se mudó a San José; la finca se quedó esperando. Y donde estaba aquel establo, hoy está Cervecería Cedral.

El cedro

El árbol de la etiqueta no salió de un dibujo.

En la finca hay tres cedros dulces. El mayor ronda los cien años y es el que está en la etiqueta. Estaba aquí mucho antes de la primera cerveza.

El río, la naciente y el bosque también son parte de esto. La cervecería llegó después; el lugar ya estaba.

La corteza del cedro, de cerca
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El comienzo

Antes de ser una cervecería, fue una forma de estar juntos.

Empezó en la cocina de la casa, en San José. Marilís se aventuró primero con unas ollas; después se sumaron Carlos y su hijo mayor. No había un plan de negocio. Había curiosidad, ganas de aprender y una buena razón para pasar tiempo juntos.

Las primeras tandas eran casi pura espuma. No se podían ni probar. Volvían a cocinar, volvían a esperar y volvían a intentarlo. Cuando por fin lograron probar una, tampoco era buena. Pero ya había algo que los hacía seguir.

Impar

Primero fue un restaurante. Después, una cerveza.

Tiempo después la familia abrió Impar, un restaurante que quería ser justamente eso: distinto, sin igual. Su nombre se construyó con los cinco números impares —1, 3, 5, 7 y 9— acomodados hasta formar la palabra.

El restaurante servía cervezas de otras casas hasta que apareció una pregunta natural: ¿por qué no hacer la nuestra? Así nació Cerveza Impar.

El restaurante cerró. Impar quedó huérfana y su receta, guardada en un papel, dentro de un fólder. Pero la cerveza no terminó ahí.

Carlos siguió aprendiendo, probando y llevando aquella afición cada vez más lejos. Cuando él y Marilís regresaron a la finca familiar, la cerveza regresó con ellos. Primero fue un pequeño espacio para producir. Después llegaron mejores equipos, más recetas y más precisión. Con el tiempo, el antiguo establo donde alguna vez estuvo Rumba, uno de los caballos de la familia, se convirtió en la planta que hoy ocupa Cervecería Cedral.

No hubo un día en que decidieran convertirse en cervecería. Fueron convirtiéndose en una, tanda por tanda.

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Los nombres

Los nombres de la casa terminaron en las botellas.

Aquí los nombres no salieron de un ejercicio de marca. Salieron de personas, lugares e historias que ya significaban algo para nosotros.

Calín es Carlos, el fundador: el apodo que le puso su mamá cuando era niño. Ita es Marilís, como la llaman sus nietos. Una cerveza roja con algo de su carácter: cálida y de carácter fuerte.

Impar ya la conoce: primero fue un restaurante, después su cerveza, y cuando el restaurante cerró, la receta se quedó.

La huella

Una parte del fundador quedó en cada etiqueta.

Las primeras botellas llevaban la huella dactilar real de Carlos. Con los años el diseño se estilizó, pero la huella que aparece hoy sigue saliendo de aquella original.

Los nombres cambiaron de una botella a otra. La historia detrás de ellos, no.

Carlos Castro, fundador de Cervecería Cedral, en la finca.
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El legado

Empezó por estar juntos. Y eso no ha cambiado.

Las primeras cervezas no nacieron para construir una empresa. Nacieron alrededor de unas ollas, de la curiosidad y de una familia que quería hacer algo junta. Once años después, Cedral ha crecido. La razón para seguir es la misma.

Para Carlos y Marilís, el legado no es solamente dejar una cervecería. Es dejar una familia que siga encontrando razones para construir cosas junta.

Cuidar lo que nos rodea.El río, la naciente y el bosque forman parte de Cedral tanto como la cervecería. La familia mantiene veinticinco hectáreas de bosque bajo protección ambiental, los paneles del techo cubren la electricidad de la cervecería y el agua residual se trata antes de volver al río.No porque esas cosas hagan mejor una historia. Porque queremos que Cedral pueda seguir teniendo una.
Seguir probando.Las primeras tandas fueron un fracaso. Después vinieron otras, y otras. Algunas ideas funcionan. Otras no. Y algunas terminan convirtiéndose en una cerveza que se queda.La manera de aprender sigue siendo la misma: probar, esperar, equivocarse y volver a intentar.

Todo esto cabe en una botella.

La tierra. La familia. Los intentos. El oficio. Los años.

Eso es Cervecería Cedral.